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Nuestra Vocación
y Misión en la Iglesia
- La Sociedad de las Divinas Vocaciones (S.D.V. - Vocacionistas),
fundada por el
Padre Justino María Russolillo, es una congregación religiosa
clerical de derecho pontificio, cuyos miembros intentan vivir tras
las huellas de Jesús Redentor, siguiendo su forma de vida de
castidad, pobreza y obediencia, y tienen por su primer deber el de
estar con El.
- Su fin especial es guiar y dirigir a sus hijos, y por medio de
ellos a todas las almas, hacia la perfecta unión con las Divinas
Personas, mediante la comunión con el Sacratisimo Corazón de Jesús.
- Para la realización de esta unión divina, la S.D.V. trabaja para
la santificación universal, promoviendo la vida ascética y mística y
la propagación de la vida religiosa en cada categoría de personas.
- Para la realización de la santificación universal, "considera al
mundo entero como un gran santuario". (P. Justino), y trabaja
directamente para fomentar todas las obras ascéticas parroquiales,
diocesanas y pontificias.
- Dentro de la Iglesia, la Sociedad de las Divinas Vocaciones
abraza, como su propia misión particular, la búsqueda y formación de
las vocaciones al ministerios ordenado y a la vida consagrada,
especialmente entre los más pobres, a través de su obra
característica: el VOCACIONARIO
- A través de este carisma recibido del Señor, ella quiere servir
a la Iglesia en las diocesis fomentando las vocaciones locales, sea
para el clero diocesano, sea para la vida religiosa.
- Imitando la misericordia del Buen Pastor, ella intenta
rehabilitar en el divino amor a cuantos han abandonado el sacerdocio
y la vida consagrada.
- La Santa Iglesia, la sagrada Familia y la Divina Trinidad son el
centro y el eje de la Sociedad de las Divinas Vocaciones. El
vocacionista trabaja en la Iglesia, con la Iglesia y para la Iglesia.
El imita la sagrada Familia en las relaciones de alma-hija (del
Padre), alma-esposa (del Espíritu Santo) y alma- madre (del Hijo) de
Dios Trino.
- El espíritu del vocacionista hacia Dios nuestro Señor es el de
una viva imagen y semejanza de El y una relación personal de amor
con él, mediante la docilidad a las divinas inspiraciones
controladas y aprobadas por la Iglesia.
- Para con el prójimo, el espíritu del vocacionista es el de un
siervo humilde, fiel y tierno quien, en cada ministerio, se hace
todo para todos, viviendo las notas características, del buen siervo,
como se encuentran en la revelación del Antiguo y Nuevo Testamento,
para unir a todos al Señor como verdaderos religiosos de Dios.
- Para con uno mismo, el espíritu del vocacionista es el de una
diaria conversión al evangelio en el silencio de todo su ser y en la
multiforme oblación de sí mismo al Señor, para ser totalmente
absorbido en su gloria, amor y voluntad.
Si desean más información por favor de comunicarse con:
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